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Por qué terminé creando diarios para adultos y cuentos sobre dinero para niños

No decidí un día crear diarios para adultos y cuentos sobre dinero para niños. Primero llegaron las preguntas, después la necesidad de convertir lo aprendido en herramientas que pudieran servirle a alguien más.

20 de septiembre de 2026

Los diarios El Espejo, Proyecto Yo y Sin Excusas junto a los tres cuentos de Pequeños Genios del Dinero

No me senté un día delante de una libreta y pensé:

“Voy a crear una colección de diarios para adultos y otra de cuentos infantiles sobre dinero.”

Fue bastante menos ordenado que eso.

Primero hubo preguntas.

Después hubo momentos de mi vida en los que saber lo que tenía que hacer no significaba necesariamente saber hacerlo.

Y mucho después llegó la maternidad y apareció otra pregunta:

¿Qué cosas quiero que mi hija aprenda antes de tener que desaprenderlas?

Creo que ahí está el hilo que une todo lo que escribo.

Mis diarios y mis cuentos parecen pertenecer a mundos diferentes.

Unos hablan de conocerte, construirte y cumplir tu palabra.

Los otros hablan de dinero, ahorro, decisiones, crear valor y ayudar a otras personas.

Pero para mí nacen exactamente del mismo lugar:

de cosas importantes que aprendí más tarde de lo que me habría gustado.

No escribo desde tener todas las respuestas

Soy ingeniera de software.

Durante años mi trabajo ha consistido, entre otras cosas, en observar sistemas, detectar lo que no funciona y hacer preguntas cuando aparentemente todo parece correcto.

Con el tiempo me di cuenta de que había empezado a hacer algo parecido conmigo.

Porque hay momentos en los que por fuera tu vida funciona.

Trabajas.

Resuelves.

Cumples.

Cuidas.

Sigues.

Y, aun así, hay cosas dentro de ti que no terminan de encajar.

Mi historia también tiene emigración, empezar de cero y aprender a sostener dimensiones de mi vida que antes parecían ir cada una por su lado. No vine a encajar en una sola versión de mí, sino a aprender a sostenerlas todas.

Y algunas de las herramientas que hoy publico nacieron precisamente porque primero tuve que necesitarlas.

El Espejo nació antes de intentar cambiarme

Durante mucho tiempo pensamos que el primer paso para cambiar algo es hacer.

Hacer más.

Organizarse.

Tomar decisiones.

Ser más disciplinada.

Pero hay una pregunta anterior:

¿Qué estoy haciendo realmente?

No lo que digo que quiero hacer.

No lo que creo que debería hacer.

Lo que estoy haciendo.

Qué repito.

Qué evito.

Qué decisiones tomo.

Qué excusas aparecen.

Qué versión de mí estoy practicando cada día.

De ahí nació El Espejo.

No como un diario para decirte quién deberías ser.

Sino como un lugar donde observar quién eres hoy con suficiente honestidad como para empezar a elegir después.

Porque a veces no necesitamos inmediatamente una solución.

Primero necesitamos ver.

Conocer El Espejo

Después entendí que conocerte no basta si no construyes algo distinto

Puedes entender perfectamente un patrón y seguir repitiéndolo.

Puedes saber quién quieres ser y continuar viviendo exactamente como antes.

Puedes hacer un plan precioso un domingo y abandonarlo cuando llega un miércoles difícil.

Eso me llevó a otra pregunta:

¿Y si el problema no es que yo no pueda cambiar, sino que estoy diseñando el cambio para una versión de mí que solo existe en los días perfectos?

De ahí nació Proyecto Yo.

Para mí hay algo profundamente liberador en dejar de tratarte como un problema que necesita ser arreglado y empezar a tratarte como un proyecto que puede observarse, probarse y ajustarse.

No necesitas acertar a la primera.

Puedes observar.

Probar.

Ajustar.

Repetir.

Puedes diseñar para tus días reales, no para los días en los que tienes energía, tiempo, motivación y cero problemas.

Conocer Proyecto Yo

Pero también hay momentos en los que sabes perfectamente qué hacer

Y entonces aparece otra verdad incómoda.

No siempre nos falta claridad.

A veces sabemos.

Sabemos qué conversación tenemos pendiente.

Qué decisión estamos aplazando.

Qué compromiso hicimos.

Qué dijimos que empezaríamos.

Y seguimos negociando con nosotras mismas.

“Mañana.”

“Cuando tenga más tiempo.”

“Esta semana no cuenta.”

“Empiezo el lunes.”

Ahí nació Sin Excusas.

Y cuanto más trabajaba en él, más comprendía que el tema no era simplemente “tener disciplina”.

Era algo mucho más personal:

volver a confiar en mi propia palabra.

Porque cuando te prometes algo muchas veces y no lo cumples, no solo queda una tarea pendiente.

También se va debilitando la confianza que tienes en lo que tú misma te dices.

Por eso hay una idea de Sin Excusas que para mí lo resume casi todo:

la disciplina no consiste en no fallar. Consiste en regresar.

Conocer Sin Excusas

Y entonces fui madre

La maternidad cambió muchas preguntas.

Ya no se trataba solo de:

“¿Qué necesito aprender yo?”

También empecé a pensar:

“¿Qué quiero que mi hija entienda antes de que el mundo se lo explique de cualquier manera?”

El dinero fue una de esas cosas.

Crecí en un hogar donde el amor estaba, pero el dinero muchas veces faltaba. Y una parte importante de lo que sé hoy sobre dinero, ventas, independencia y decisiones económicas tuve que aprenderla después.

No quería que la primera relación de mi hija con el dinero naciera del miedo.

Tampoco quería sentarme frente a ella a dar una clase de finanzas.

Es una niña.

Quería cuentos.

Así nació Pequeños Genios del Dinero

El primer cuento empezó con una pregunta muy sencilla:

¿Qué puede hacer un niño cuando recibe dinero?

No quería que la única respuesta fuera:

“Guárdalo.”

Ni:

“Gástalo.”

Quería que existiera una decisión.

Así aparecieron las tres cajas:

Guardar. Disfrutar. Compartir.

Después llegó otra pregunta.

Si un niño ya entiende que puede guardar una parte:

¿Qué puede hacer algún día con aquello que ha guardado?

Y apareció María observando a las personas, detectando una necesidad y comprendiendo que crear algo útil puede formar parte de un intercambio.

Y después otra:

¿Tenemos siempre que hacerlo todo nosotros mismos para aportar valor?

No.

A veces una persona tiene algo que otra necesita.

Y alguien puede ser el puente.

Así fueron naciendo los tres cuentos que hoy forman Pequeños Genios del Dinero.

No para crear “pequeños millonarios”.

No para enseñarles que el dinero lo es todo.

Precisamente lo contrario.

Para que puedan hablar del dinero como una parte normal de la vida.

Con decisiones.

Con responsabilidad.

Con disfrute.

Con generosidad.

Con creatividad.

Con personas.

Conocer Pequeños Genios del Dinero

Al final, todos mis libros hablan de lo mismo

Puede que uno esté escrito para una mujer adulta y otro para un niño de seis años.

Pero hay una idea que se repite.

No quiero darte una respuesta perfecta.

Quiero dejarte una herramienta.

Una pregunta que te haga mirar.

Una página que te obligue a detenerte.

Un sistema que puedas probar.

Tres cajas que puedas colocar en casa.

Una historia que abra una conversación con tu hijo.

Porque una herramienta sirve de verdad cuando puede salir del libro.

Cuando empieza a aparecer en tus decisiones.

En una conversación.

En una mañana complicada.

En una moneda que tu hijo acaba de recibir.

En el momento exacto en el que ibas a volver a hacer lo de siempre y, esta vez, te haces una pregunta diferente.

Quizá por eso escribo

No escribo porque haya llegado a un punto de mi vida desde el que pueda mirar hacia abajo y explicar cómo se hacen las cosas.

Escribo porque sigo aprendiendo.

Y porque algunas de las cosas que aprendí me habría gustado encontrarlas antes.

Si una pregunta me ayudó a verme mejor, intento convertirla en algo que otra persona pueda escribir.

Si una estructura me ayudó a dejar de depender de un día perfecto, intento convertirla en un diario.

Si una conversación sobre dinero me habría gustado tener de niña, intento convertirla en un cuento que pueda leer con mi hija.

Eso es lo que une todo.

No son productos separados.

Son rastros de cosas que he tenido que aprender para sostener mi propia vida.

Y algunas, quizá, también puedan ayudarte a sostener la tuya.

Hace un tiempo conté por qué escribo mis libros como quien deja una linterna encendida: no como respuestas perfectas, sino como algo que acompaña. Este texto explica la otra mitad, la de por qué hoy conviven dentro de mi obra diarios para adultos y cuentos para niños.

Si estás llegando hoy a este espacio

No necesitas saber todavía qué libro necesitas.

Puedes empezar mirando el momento en el que estás.

Si necesitas comprenderte, empieza por El Espejo.

Si sabes quién quieres ser pero necesitas construir algo que sobreviva a tu vida real, conoce Proyecto Yo.

Si sabes qué debes hacer pero sigues negociando con tus propios compromisos, quizá sea el momento de Sin Excusas.

Y si eres madre, padre o alguien que quiere empezar con un niño conversaciones sobre dinero que muchos aprendimos demasiado tarde, conoce Pequeños Genios del Dinero.

No hace falta llevarte nada hoy.

Empieza por la pregunta que más se parezca a la que tú también estás intentando responder.

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